Llegué a aquel piso, que días antes había sido objeto de una dación en pago ante el peligro de un embargo bancario, más parecido a una expropiación forzosa que a un procedimiento justo… La vivienda estaba completamente vacía, la verdad es que verla así me impresionó, cuantas vivencias se habrían sucedido tras aquellas paredes, inspeccioné todas las habitaciones, y cuando llegué a la última me encontré en el centro de la estancia una caja de cartón, la abrí y estaba repleta de juguetes: un saxofón sin teclas, un oso de peluche desgastado, una barbie sin cabeza, un payaso con un botón para echar agua estropeado, etc… pensé que la habrían olvidado con la mudanza. Y cuando iba a llamar para avisar me percaté que también había una nota, rezaba: “Así nos habéis tratado: como a juguetes rotos. Además, no los necesitaremos más, educaré a mis hijos sin bienes materiales para que no se los puedan arrebatar, enseñando que el mayor bien que tenemos es la humanidad. Gracias señores banqueros. Una familia sin hogar“.

 

(fotografia del blog Zaragózame)